Cuidado con lo que deseas. Columna del Cr. Alberto Fertonani

Albertaa le advirtió a Kris: “el poder no pasa por ver quien tiene la lapicera, el poder es ‘convencer’ y es una tarea más ardua, pero mucho más segura, Perón nunca precisó de la lapicera”. Kris, le respondió como corresponde: “Ultimamente encontramos muchos interpretes de lo que dijo Perón, yo ‘persuadía’ -como política- con hechos y con ejemplos”. Y la lapicera te la voy a meter en el c…

Convencer a alguien significa hacer llegar a una persona a cierta conclusión usando argumentos lógicos, mientras que la ‘persuasión’ se basa en aspectos emocionales. Diríamos que para ‘convencer’ nos dirigimos a la cabeza de la otra persona y para ‘persuadir’ nos dirigimos al corazón.

Espezamos mal, Albertaa le erró a la palabra adecuada. Perón no era estúpido y usó, en ese viejo curso de política, la palabra ‘persuación’. Cosa que Kris sabe y dificil que Abertaa chifle ya que estuvo con Alfonsín, Cavallo, Menen y Nestor. Y ese discurso de Perón tuvo distintas ‘valoraciones y significados’ por esas épocas.

Según Staenberg: ‘la visión política marcha mejor cuando uno se ha tomado tiempo para estar tranquilo y escuchar atentamente sus pensamientos. Puede llevar muchas horas de deliberación y confrontación personal saber por qué uno quiere algo y para qué sirve. Ser honesto consigo mismo es fundamental’.

Es más fácil conseguir lo que uno quiere si ambas partes estás convencidas de que quieren lo mismo como, por ejemplo, liderar un nuevo proyecto. Eso se llama “establecer el marco del objetivo común”. Albertaa está frito, porque confunde palabras y deseos que tienen distintos significados. Kris tuvo un deseo y se cumplió -chau Bebe Guzman, emisario de Bergoglio-, por lo tanto convocó, tratando de persuadir, al diálogo por un objetivo común.

Entendemos por política ese campo social en el que una multiplicidad de fuerzas entran en relación con otras, afectando y siendo afectadas. La política, reducida a un concepto de representantes y representados, separa al deseo de la ‘persuasión’ y disminuye la potencia propia del campo social para lograr unirlos con dirigentes inteligentes. Entonces gana la polaridad.

La capacidad de razonar es el principal atributo del homo economicus -consumidor-, puesto que del razonamiento lleva a cabo sus elecciones. Esto sería una noción ideal de lo que en realidad corresponde a un sujeto cualquiera que cuenta con ideas, intenciones, deseos y creencias. (Mill y Taylor, 2001).

El humano razona, primero, según su condición social, que significa tener o no dinero, poder y representación en la economía capitalista. Segundo, según su conflicto, al no persuadir, al no tener poder, ni lograr sus deseos.

Si por un lado vemos a la psicología como la que dicta: cual es el deseo correcto o el incorrecto, y cuando es necesario explicar la diferencia entre el deseo como huella individual y los deseos como fabricación socio-cultural propia de una sociedad de consumo. Por otro lado nos recuerda que respecto a la gestión y fábrica de deseos en las sociedades consumistas existe una ‘admiración de la mercancía’ -fetiche-.

Si la fabrica de deseos de la sociedad de consumo funciona, es en virtud de que la esencia del hombre es el deseo -como estructura-. Y, también, porque va dirigida a los deseos y no a un solo deseo.

La cuestión no consiste en pensar que la sociedad de consumo lava el cerebro a aquellos que la habitan sino que tal como señala Stavrakakis: “Para la mayoría, el consumismo, es una compensación insuficiente por la denegación de una existencia más significativa, pero se trata de un desquite que ha sido tolerado en ausencia de alternativas”. Un ejemplo sería ver a una persona frustrada, por algún motivo en su vida, y que hace shopping para calmar esa ‘ansiedad latente’. Y es que, el deseo tiene un componente inmoral y amenaza a su estado emocional, social, político y/o económico, gastando el dinero que, en realidad, es prestado por el banco.

El sujeto que desea un deseo, quiere que el otro le diga que es lo que ha de desear para ser deseado por él, en este sentido el deseo parece abrir la senda a la fabrica de deseos de la sociedad de consumo como lugar de obtención de reconocimiento, pero que nada tiene que ver con el deseo como huella constitutiva del individuo.

Parece un trabalenguas, pero dicho con un ejemplo: Si el voto, en falsa democracia, se resume como un deseo individual, en realidad no lo es. Puesto que la ‘persuación política’ lo convierte en un voto de ‘manada de corderos’ que refleja el deseo colectivo por querer pertenecer al grupo de ‘votantes sin deseos individuales’ pues no se entiende de otra manera el hecho de no pedir explicaciones, de lo que hizo en el poder, al grupo político que votó.

Pensar la política en términos de “verdad” supone en muchos casos “desocultamiento”. La verdad política sería el perpetuo ocultamiento y desocultamiento de lo existente. Algo se muestra pero, a la vez, algo permanece oculto. Y si lo que permanecía oculto sale a la luz, se muestra para posteriormente volver a ocultarse. No tenemos nunca una revelación plena de lo existente.

O sea, la exageración diaria se va revelando para dejar en el ocultamiento del olvido aquello que ya no se considera relevante. Por ejemplo, que tal grupo político hizo fiestas privadas durante la pandemia donde el ‘gil común’ tenía que estar encerradito.

Una de las problemáticas de la filosofía política es la de las relaciones entre “Política y Verdad” y cuestiona la actualidad, los alcances y límites que el concepto de ‘verdad’ tiene en el terreno de la política para servir de criterio normativo.

Podríamos cambiar “Política y verdad” por otra conjunción que sería más sugerente para Gilles Deleuze: “Política y deseo”, o, “Política/persuación del deseo”. Porque parece que los incidentes de la política pueden ser mejor explicados si los pensamos en términos de deseo que si los consideramos en términos de verdad. Y ello porque “desocultamiento” o transparencia” parece que nacen de una base común: ‘indica algo perdurable que la política no puede garantizar’.

De esta manera, una ‘política o persuasión del deseo’ posee una mayor amplitud porque puede asumir no sólo una relación con la verdad sino también con la falsedad, sin que por ello disminuya su capacidad para explicar acontecimientos políticos concretos. Como cuando dicen: “Deseo que mi pueblo…, y luego, cuando no hizo nada durante su gestión: ‘Debemos seguir luchando para conseguir nuestro deseo’. Todo esto se le enseña al candidato que tenga una ‘lengua persuasiva’.

‘Vivir al día’, es la expresión correcta. Para Foucault, el ver y el saber constituyen el problema de la verdad, inseparable de la contrariedad que radica para el poder político que oculta casi todo.

El ‘deseo’ navega entre lo actual y lo supuesto. No es carencia ni falta, como lo había pensado el psicoanálisis, no surge tras la represión, como creyeron las filosofías de Estado, tampoco es individual, como ha sostenido el liberalismo.

Frente a estos contrasentidos, Deleuze propone un concepto distinto de deseo: ‘El deseo es un flujo creador de sentidos que no carece de nada, y que traza líneas ideales que escapan a las leyes estatales y capitalistas, puesto que pone en conexión una multiplicidad de discursos y prácticas mixtas. Es una fuerza que produce lo real. El deseo sólo existe, subsiste e insiste en alcanzar algo concreto’.

El deseo quedaría de este modo como una suerte de alarma que avisa al sujeto de lo trágico, y actúa como una defensa ante lo precipitado.

Entonces, el problema de una política del deseo es el de su composición. Y preguntarse: ¿Qué tipos de líneas se trazarán sobre el campo social? ¿Qué usos serán preponderantes? ¿Qué efectos traerá consigo el predominio momentáneo de un polo revolucionario o reaccionario a los deseos puestos en práctica?

Tips para convencer persuadiendo, según mi querido google:

1. Comunique siempre en el lugar y en las situaciones adecuadas. No gansadas que se le ocurran en ese momento.

2. No sea directo, no empiece diciendo lo que quiere. Haga un ‘rodeo’ como buen coimero.

3. Adopte una actitud valorativa y diga: ‘Todos los que me rodean son libacalcetines, aprendan de ellos’.

4. Cuándo vaya a pedir algo, primero explíque y hágalo con convicción. Traeme al ’empresario’ o te dejo fuera de la coima.

5. Luego pida, sea claro y directo. Para la campaña de elecciones necesito mucho dinerito.

Hay unas personas que se han convertido en maestras del desear y cómo pedir. Así se aseguran de recibir lo que quieren. Para ellas, las monjitas religiosas, parece que la cualidad les viene de forma natural.

¿Cómo convencer a Estanislao para que se vista de monjita religiosa y vaya a hablar con el FMI?

Demostrarle que es digno de confianza, demostrarle que se lo merece, demostrarle, Albertaa, que eres maduro y no estúpido. Y, por supuesto, le regalas un atuendo de monjita diseñado por Cristobal Balenciaga, total pagamos NOSOTROS y Albertaa cumplirá con sus desorientados deseos de ‘convencer’ al consumidor de política berreta. Cr. Alberto R. Fertonani, Resolviendo la Mentira Social. Ed. Buyatti, Bs.As. 2022,          -109

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