Gatos y perro en casa. Pertenecen al hogar, a zonas urbanas, en compañía y bajo el control de seres humanos

El perro doméstico (Canis lupus familiaris) y el gato doméstico (Felis silvestris catus), no pertenecen a ningún ambiente natural. Pertenecen al hogar, a zonas urbanas, en compañía y bajo el control de seres humanos. No son propios de ningún ambiente natural, y cuando ingresan a un área silvestre, causan un desequilibrio que puede ser desde leve a grave dependiendo de la densidad de fauna feralizada y las condiciones y características del ambiente, pero esa introducción, siempre resultará negativa.

La afectación se da principalmente porque los animales que los ferales comienzan a depredar, no están adaptados, acostumbrados a esos nuevos depredadores, por lo cual no cuentan con los instintos y las habilidades naturales para reconocer por sonido, por olor y muchas veces, ni siquiera de manera visual, ese nuevo peligro y así poder anticiparse y ponerse a salvo. Por ende, estas presas están totalmente indefensas.Los gatos particularmente, matan no solo para alimentarse, sino por instinto de cazador compulsivo (como una especie de juego de entrenamiento y descarga de tensiones). Matan desde gusanos, pasando por mariposas, escarabajos, hasta roedores, reptiles, murciélagos y llegando a las aves e incluso los polluelos en los nidos gracias a la habilidad de los felinos para trepar.

Los perros, cuando llegan a constituir jaurías organizadas, pueden pasar de cazar pequeños roedores y reptiles a matar venados, llegando a aniquilar manadas casi completas incluyendo hembras preñadas y crías.La fauna feral, en la mayoría de los ambientes, no tienen depredadores naturales, como lo tiene cualquier animal propio del ecosistema, que tiene su control natural de población, el cual mantiene acotada las posibilidades de proliferación (hasta el jaguar está sujeto a controles naturales de población).En algunos ambientes, existen depredadores que ocasionalmente cazan perros y gatos, pero la cantidad de depredadores que cuentan con esa capacidad, naturalmente son escasos y el ritmo de cacería al que son sometidos los ferales, es ampliamente superado por su velocidad de reproducción. En algunos lugares, las jaurías de perros han puesto en peligro las poblaciones locales de determinados animales, mientras que los gatos han orillado a la extinción de muchas especies de animales pequeños (pero sumamente importantes para el equilibrio ecológico) entre los que hay aves, lagartijas, murciélagos, culebras y ranas.

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