LA NOCHE MÁS LARGA: Entre el tedio, lo explícito y los lugares comunes del feminismo

La película basada en la historia del violador serial que conmocionó a Córdoba expone varias arista que, a la fuerza, desembocan en un romantizado ideológico, en una paradoja entre las escenas y la finalidad. Si bien la película nos centra en los hechos acontecidos a través de capítulos que se va hilvanando, de alguna manera, la recurrencia al flashback es un esquema de rompecabeza que no parece completarse nunca, más allá de que el factor sorpresa no se logre debido a que el espectador ya sabe como termina la historia.

Otro rasgo llamativo es que la trama termina cayendo en los lugares comunes del discurso feminista: Moroco Colman elige mostrar a la sociedad como machista, y eso se puede ver en los primeros minutos, cuando vemos, a través de un pasaje, cómo un chico consume pornografia en un cyber, totalmente pixelado. Sin embargo, la controversia está en las imágenes explícitas de sexo, en las mujeres que representan a las víctimas, apareciendo totalmente desnudas, buscando expresar vulnerabilidad, en una demostración casi cruel de los hechos que vivieron, cosificándolas a través de imágenes que, en este caso, no eran necesarias, ya que el espectador conoce el concepto de violación, y podría aportar más sugestión la música distorsionada que se escucha a lo largo del filme ¿Es, acaso, una manera de hacernos partícipes a los espectadores de una situación ofensiva para cualquier víctima de violación, poniéndose este efecto en las antípodas del mensaje final que forzosamente agrega el director, o es un capricho sistemático de su forma de dirigir, como lo hizo en su ópera prima, Fin de semana? Este final, atado con alambre a la ideología de género, al Ni Una Menos, a los pañuelos verdes, retoma la ruta de las escenas del comienzo: denostar a una sociedad que, según los ojos del director, es machista. No obstante, esta paradoja basada en un gusto del director por las imágenes de sexo explícito convierte a la película en la historia del huevo o la gallina, preguntándonos si, en este caso no se profundiza la revictimización.

Capítulo aparte es la música. La distorsión acompaña la trama, en una búsqueda de reflejar el padecimiento de las víctimas, los oídos que no logran escuchar sus gritos, la percepción de los sonidos en los momentos de los abusos, siendo en estos más intensificado.

También la fotografía, el uso de drones y la vista nítida de las noches en Córdoba desde lo alto juegan un papel importante junto a la música, como una sombra acechando sobre las imágenes urbanas.

En conclusión, y desde lo relatado a través de archivos periodísticos y escenas , la película busca desarrollar la historia de un hecho real, utilizándola y forzándola a alinearse al discurso feminista, al que todos pareciera buscan pertenecer por subsistencia o moda.

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