MUERTE POLÍTICA Y LOS POLITICOS QUE SON UNOS… MUERTOS: columna del Cr. Alberto Fertonani

Las Parcas, una pintura de Francisco de Goya, muestra, en tonos negros y grisáceos, a un hombre arrodillado en el centro con las manos atadas a la espalda. Tras él se encuentran, con posiciones ritualistas, las tres Parcas:  Átropos, situada a la derecha, que porta unas tijeras con la que corta el hilo de la vida; Cloto, a la izquierda, que lo teje, y que porta un recién nacido; y Láquesis, que mira a través de una lente la longitud de la hebra. El hombre está quedando a merced de las tres brujas… Disney, en su pelicula animada ‘Hercules’ representó Las Moiras, como tres viejitas feas con ojos saltones. Película que, como padre, madre ó hermano mayor ‘decente’, tuvieron que soportar con tal de que el ‘bajito’ se entretenga. Eso si, verla 42 veces porque me pedian que supiera el diálogo de muchas escenas (por ej.: Meg, Meg, mi querida Meg, decía el Dios Hades) se transformó en una tortura china con una canción que entonaba un Ricky Martin que aun no salia del placard ó mejor dicho del ropero de Narnya oculto tras los tapados de piel. Pero, comparado con el put… Jorobado de Notre Dame, vista 64 veces, era un ‘viento fresco’. Si por lo menos la Catedral se hubiera quemado hace 18 años, hubiera incinerado la cinta VHS ya que estaba establecida la coartada perfecta. Era cuestion de ser coherente y ‘sensible’ en el relato, y listo el poio. Engañar a un niño no es sano, pero si luego hay que ‘aguantar’ al mismo como un cínico adolescente que cuestiona TODO, por lo menos es un “desquite psicológico”.

En la politica argento actual, ¿Qué debe contener una presencia de la Parca para que conmueva y para que lidere un proceso de demandas sociales por cambios políticos diversos?. Se entiende,  claro, ‘Muertes políticas’, o sea, muertes inesperadas, repentinas, violentas y que compartan la capacidad de haber ingresado rápidamente en el debate público y la agenda política, si bien a distintas escalas de lo público, de lo nacional y hasta de lo local. La pregunta central es: ¿Cuándo y por qué una muerte en principio destinada a recibir un duelo y acompañamiento privado pasa al espacio público? ¿Por qué muchas muertes conmocionan públicamente y otras similares no provocan las mismas reacciones?. Hemos pensado la muerte como una ruptura de lazos, como lo han hecho trabajos antropológicos clásicos sobre el tema (Rosenblatt; Walsh y Jackson, 1976) pero también como un proceso de comunicación e interacción social y política, dado que la muerte es también legado, herencia y memoria en distintas formas. El Estado mata, aniquila, repara en dinero a los familiares por sus actos de desaparición forzada, y conmemora a algunos fallecidos. En las epidemias la muerte adquiere violencia y trastorno en todo el arco del orden social. Cadáveres que se apilan, entierros colectivos de muertos abandonadas por sus familiares, casi todo anónimo, y las diferencias que el rito establecía entre los pobres, los poderosos y los religiosos, desaparecen. Con la pandemia del Covi_19 los políticos (aun hoy tratando de tapar las fiestas de Olivos) la agitan como ‘mirá lo que pudo ser y por suerte no fue’ para poder justificar su “hago lo que quiero”. Al mismo tiempo, determinados tipos de muertes violentas generan mayor conmoción en ciertos momentos y no en otros. Conmoción entendida como preocupación y posible movilización social, presencia mediática y preguntas al Estado, (como la muerte de un fiscal federal) que podrían englobarse en tres realidades:  la muerte política o vinculada al poder en sus variadas dimensiones; la ligada al delito y la muerte como desenlace de riesgos, bajo la figura de epidemias, tragedias o accidentes. En la Argentina desde la última transición democrática hubo un paulatino desplazamiento de la centralidad de la muerte política hacia aquella vinculada al delito y a la inseguridad, para desgracia de los politicos que no pudieron seguir victimizándose y ocultándose más de lo debido. Siendo el delito y la inseguridad  la que cobró más gravitación a medida que fue convirtiéndose en el riesgo social más temido.

La muerte violenta, en algunas de sus formas, es un elemento central para la construcción o reforzamiento de problemas públicos. Con problemas públicos nos referimos a preocupaciones generales que movilizan a parte de la sociedad, a la opinión de los expertos y exigen la intervención del Estado.  Todo sucede como si la muerte violenta y otras evitables se hubieran transformado en hechos que, de a poco, forman parte de lo normal estadístico y pasan a ser el centro convergente de conmoción pública, demandas, acciones colectivas y productividad de política sucia, ya sea por la movilización y acción colectiva por parte de la sociedad, la promulgación de leyes o elaboración de medidas por parte del Estado y eventualmente la destitución de funcionarios con procesos judiciales (por ej. Caso Blumberg, Píparo, etc.). Siempre corriendo como bombero detras del fuego, nunca adelantándose a los acontecimientos por más que utilicen los dineros del Estado para pasearse por el 1er. Mundo y copiar lo que reditúa para sus bolsillos o en definir un falso prestigio en carreras políticas. Por supuesto que la alta conmoción sucede sólo con algunas de estas muertes, pero todas o casi todas albergan la posibilidad de salir del anonimato y adquirir resonancia pública. Los trabajos de Schillagi, Kessler y Galar, Focás, se ubican en dicho contexto. Una hipótesis que es común en estos textos es que, al menos desde los años 90s del siglo pasado y en forma creciente a partir del año 2003, la figura que condensa una idea de muerte evitable y conmocionante es la producida por lo que se ha dado en llamar la ‘inseguridad’ y la hemos definido como: la percepción de un riesgo aleatorio que puede abatirse sobre cualquiera en cualquier espacio.

La intención de estas columnas es, basicamente, la de servir a Resolver conflictos y problemas cotidianos y que las generaciones jovenes las aprovechen en ese sentido. Por lo tanto, de acuerdo con las experiencias analizadas, antes expuestas, podríamos decir que la coordinación de políticas requiere de  un conjunto de condiciones y criterios aplicados por grupos de personas COMPETENTES y  predispuestas.  La aplicación de estas Condiciones y Criterios plantea importantes desafíos, tanto teóricos como prácticos, en el campo de la Gerencia Social, que exigen la continuidad de este esfuerzo conceptual para comprender la coordinación como práctica y mejorarla.

Pero por más que en el Concejo Deliberante de Cordoba Capital se cuelgue un cartel que dice: “Diálogo y Consenso para beneficio de todos”, si una de sus cabezas logra sus ‘non santos propósitos’ cobrando las coimas en prostitutas VIP (30 al 40%) como si fuera un personaje de Sicilia (más claro echale agua), el cartel podrían perdérselos en el trasero, dejar de  ‘tomarnos el pelo’ y de hacernos perder el tiempo.

Un político es una persona (de alguna manera al que llamarla) que se dedica a realizar actividades políticas. En países con falsa democracia, no democráticos o con problemas de representatividad, algunas personas desarrollan actividades políticas al margen de la administración llegando, a veces, a convertirse en presos políticos. Eso dice la teoría antigua, ahora son presos de sus necesidades ó bajezas y ni ‘Ferneteados’ se les ocurre decir la verdad e ir a la carcel.

De un muerto se puede hacer cualquier uso, no podrá negarse. De un muerto, cualquiera puede reclamar su porción legitima. De los ‘Muertos políticos’ que intentan gobernar a los argentos habría que hacer escarmiento y dejarse de jorobar con la falsa democracia politica y sindical manejados por…  “Muertos”.

Cr. Alberto R. Fertonani – Resolviendo la Mentira Social, Editorial Buyatti, Bs.As. 2021

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