MUJERES EN LA POLÍTICA: columna del Cr. Alberto Fertonani

La búsqueda del respeto y de la Dignidad de la Mujer se inició con la Revolución Francesa cuando Olimpia de Gouges reclama que los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad se apliquen también para las mujeres*. A partir de ahí comienza una cadena ininterrumpida de demandas y presión por parte del movimiento de mujeres para conquistar el respeto y el ejercicio de los más elementales derechos del ser humano. Ningún régimen político o sociedad puede llamarse a sí mismo democrático si la mitad de sus habitantes no están incluidas en la comunidad política como ciudadanas plenas -es mentira social que haya siete mujeres por cada varoncito-. Igual en el caso del género,  habría una intervención equilibrada con base en el género si también fueran la mitad de quienes toman parte. Una participación desequilibrada se presenta cuando un sector tiene una presencia que es significativamente inferior o superior a la proporción que representa en la población. El desequilibrio en la participación implica la existencia de condiciones adversas para uno o más sectores dentro de la sociedad, condiciones negativas que inhiben su intervención política, y que generan desigualdad política. Hasta aquí todo como debería ser

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La política ha sido un campo en donde los comportamientos, las actitudes y los valores típicamente masculinos, son los que tienen éxito en la mayor parte de las competencias, como lo han puesto en evidencia muchos estudios e investigaciones cuantitativas adelantadas por teóricas feministas. Las reglas de juego informales en muchas ocasiones operan para excluir, o por lo menos para dificultar, a las mujeres, la entrada a la esfera política. Se supone, entonces, que el querer sobresalir, por parte de una mujer, se deba al impulso de desear superar cualquier prueba, haya querido o no someterse a la misma en un principio. Exactamente igual a las sardinas, que cuando las ‘capturan’ desean tener suficiente calidad para acabar metidas en una lata de conservas.

El Refranero popular se ha dedicado a ‘socializar’ a la mujer de una manera muy particular. Se trata de una estrategia de desvalorización de los mensajes emitidos por las mujeres, de dificultar el intercambio de información entre ellas, de confiscar el uso de espacios y relaciones de y entre las mujeres. Es una forma de violencia simbólica para mantener la subordinación y desalentar la reivindicación nos dice el autor Juliano (1992). Por otro lado, la utilización de la capacidad del potencial verbal por parte de las mujeres es también una estrategia indirecta utilizada por ellas para conseguir más influencia y poder, en la medida de sus posibilidades, nos dice Buxò (1988). Hay pues un choque de estrategias en donde, no cabe duda, se miden fuerzas y se deciden conflictos.

La desconfianza hacia las mujeres es bastante profunda y está muy extendida en el imaginario social y el subconsciente colectivo politico/cultural. Pese a todo lo cual, se considera que el silencio no sólo es muestra de dominación, también es principio de poder según Tannen (1996), y a la inversa, el poder es dominación y silencios. Todo depende de cada contexto en particular.

Repitamos en voz alta, si es que puede, algunos refranes muy antiguos: “Mujer, niño y loco no guardan secreto de otro”, “Hablan demasiado y no saben guardar un secreto”; “En mujer de boca cerrada no entran moscas”.

En oriente y occidente se censuraba a la mujer que hablaba o daba su opinión, cuando había hombres presentes, dueño éste, de la palabra, mientras que las mujeres eran convidadas al silencio y la obediencia. Esta actitud estuvo tan asumida y extendida en la sociedad que, a veces, son las propias mujeres quienes en ocasiones hacian uso de ella, para reprobar a las otras, con el clásico: “que sabes vos, si el candidato te sacó del barrio cuando no sabias ni bañiarte…”

La gente de ‘talento político’, frecuentemente es neurótica con un dejo de vanidad y codicia que puede conducir a una violencia psicológica, pues no se ensucian las manos para repartir cachetadas, excepto Kris, por supuesto. Por lo que se sabe mujeres y varoncitos, comparten una humanidad que puede ser influenciada por interrogantes como:

¿Existe un “gen de la maldad”? ¿Los malos nacen o se hacen? ¿La maldad de las mujeres es diferente de la de los hombres? ¿Se puede escapar al destino y no convertirse en alguien malvado que pertenece a la casta política que, de por sí, es adinerada?.

Para el psiquiatra Adolf -no me olvidé de la ó- Tobeña, autor del libro ‘Neurología de la maldad’, nos dice: “la inmensa mayoría de las personas malvadas nacen así, es decir, existen unos genes de la maldad que son muy potentes, pero el crecimiento y la educación también influyen en la personalidad futura de una persona”. Y agrega: “la carga biológica explica el 70% de las propensiones a hacer daño y a no sentir el dolor ajeno. El azar y las compañías -especialmente en la adolescencia- influyen en un 30%”. Por lo tanto, es posible escapar al destino, hay margen para corregir, aunque no muy sencillo de lograr si te vas a dedicar a delinquir. Y política/sindicalismo es eso, la cuerda floja entre el bien y el mal.

Además, existen genes implicados en la propensión a la agresividad física reiterada, o la insensibilidad hacia el dolor ajeno. Si una persona cuenta con todos esos genes y carece de aquellos que nos ayudan a ser verdaderos empáticos, es más probable que se vuelva un criminal. Se han identificado centenares de genes que marcan la propensión hacia ese tipo de comportamientos malvados. Por lo tanto, hay personas genéticamente predispuestas a hacer daño a los demás y disfrutar con ello. Es lo que entendemos por personas malvadas ya que no causan daño sin querer, sino sabiendo lo que hacen.

Además, esta maldad puede observarse desde pequeños. Algunos niños ya muestran, con tan solo unos pocos años de vida, propensión a hacer daño a los demás y a disfrutarlo. Y es complicado acabar totalmente con la maldad ya que, en cada generación y en todas las culturas, hay un 5% de tóxicos. Y este 5% de psicópatas suelen tener poder económico y sexual y, por lo tanto, está asegurado que en cada generación habrá maníacos que transmitirán sus genes a sus hijos.

Tobeña afirma que las mujeres usan menos la violencia física por una cuestión biológica, por lo que recurren más a tácticas de agresividad indirecta como marginar o retirar la atención en guasap por ejemplo. Y eso lo hacen, al igual que los chicos, desde la guardería. Mientras ellos pegan puñetazos, ellas marginan. Las mujeres también tienen una mayor habilidad para simular dolores y autolesionarse. Algo en lo que ambos sexos coinciden es en ser muy cordiales y amables a pesar de psicopatear. La mayoría son muy seductores y atraen a sus víctimas, para después manipularlas.

Un juez del Supremo de España, hace un tiempo dijo: «Si la mujer fuera más fuerte que el hombre, tal vez la violencia de género sería al revés» El magistrado Antonio Salas estuvo envuelto en una discusión sobre violencia machista en su cuenta de Twitter. Cuando solo expresaba esta tendencia, científicamente demostrada, le cayeron gatas del tejado caliente.

A pesar de todo, la buena noticia es que todas las personas tienen un margen para elegir si quieren ser buenas o no y, además, aquellos que son realmente bondadosos desde pequeños, lo son bajo cualquier circunstancia. Héroes que hacen que el mundo sea mejor para todos. De éstos, ninguno se dedica a la política, de eso seguro, porque en la vereda política hay grietas que se conocen por el nombre de algún político/a y por el daño que ha hecho. O como diría mi abuelito: “Político ó chancho limpio nunca engordan”, deben ensuciarse, robándole a algún clase media, para crecer.

Pero, ¿Como es realmente?  ó, por lo menos, ¿Como percibimos a la mujer haciendo política?, ¿El electorado femenino vota a candidatas mujeres…?

Del papel de los movimientos de mujeres y, particularmente de: Alarssia, Riutort, Vigo, Natalia DLS, Estevez, Olivero, radicales solo una, que no la conoce ni el portero de la Casa Radicheta,  todas ‘chicas’ atractivas, lustrosas, duras y muy pecadoras, con cara de nunca haber roto un plato, hablaremos en la próxima entrega…

(*) Mientras que Robespierre estaba cada vez más paranoico porque lo perseguían la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad juntas que le cortaron la cabeza por “traidor”. Cosa de locos, ya que  fue su ideólogo.

Cr. Alberto R. Fertonani, Resolviendo la Mentira Social, Editorial Buyatti, Bs.As., 2021 

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