Nenas, que se la bancan – Columna del Cr. Alberto Fertonani

Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero No puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo…, decía Abraham Lincoln, ex-presidente de EE.UU. Por lo tanto, la mujer debe estar en la política por una simple cuestión: tiene ‘sentido común’.

Las mujeres no son víctimas de la vanidad que aqueja a los hombres en lo que al poder se refiere. Ellas no necesitan que el poder sea visible, sólo quieren el poder para conseguir el resto de las cosas que desean: Seguridad. Alimento. Venganza. Paz. La mujer es el ser humano racional y calculador que piensa más allá de la batalla, más allá de la celebración de la victoria. Y, como posee el don natural de ver las debilidades de su víctima, sabe instintivamente cuándo y dónde debe atacar. Y cuándo No debe hacerlo. Esas cosas no se pueden aprender, se nace.

Hoy dicen que las mujeres independientes son la cúspide de la evolución. Estamos fritos… por solo pensar en ello siempre me pongo las zapatillas al acostarme, por si me despierto con mala conciencia y tengo que salir huyendo.

Mucho se ha investigado acerca de las consecuencias del mundo de la política. Por ejemplo, el fenómeno denominado “techo de cristal”, que da testimonio de la dificultad de las mujeres para prosperar en sus carreras políticas en comparación con los varones, o el fenómeno conocido como “piso pegajoso”, que describe la dificultad de las mujeres para “despegarse” de los manoseos y menores perspectivas que los varones en la boleta electoral. La idea de que el género funciona como una suerte de ordenamiento social jerarquizado sobre el cual se construyen las relaciones sociales en el partido político se alimenta del conflicto de género para instituir una formación social, histórica y particular que amalgama un único sistema: “callate y hacé lo que te digo…!!”.

El privilegio de lo masculino, como expresa Bourdieu, no deja de ser una trampa que tiene su contrapartida en el deber del hombre de afirmar su virilidad ante cualquier circunstancia. De hecho, los políticos soportan ritmos de reuniones acelerados, con su consecuente desgaste físico, y sufren durísimas condiciones de tensión nerviosa con insuficiente tiempo de descanso. Resultante esto de no saber manejar los tiempos, ni estar habituados a la toma de decisiones que implican peligros de imagen negativa. El ejemplo es Albertaa que, como lacayo de Nestor parecía un  “Dandy”, pues su jefe se hacía cargo y asumía el costo político. Ahora, como Kris lo obliga a poner el rostro por ella, parece el peor dibujo del gato Gardfield. En cambio Macrigato, con su burbuja de gas en la cabeza, todavía se pregunta cuando termina su mandato.

Antigüamente, la probabilidad de la mujer de incorporarse al mundo político era escasa. De concretarse, sería en tareas que de alguna manera fueran una prolongación de las realizadas en el ámbito doméstico: trabajos en la cocina, oficinas o pegando carteles callejeros. En definitiva, actividades secundarias o poco valoradas. Eran épocas de: “el malvón en la maceta y la mujer en la cocina…”

Actualmente, podemos decir que: En primer lugar, hay que conocer cuáles son las reglas de juego formales que organizan la competencia electoral y sus posibles consecuencias para la participación de las mujeres.

En segundo lugar, hay que entender: la participación de las mujeres en política en relación con los actores centrales del juego político, los varoncitos; sus afiliaciones ideológicas; los procesos y criterios de selección interna; la voluntad de situar a las mujeres en puestos prominentes de las listas electorales, cuando el electorado es proclive a ellas.

Y, en un tercer lugar, analizar los obstáculos, nudos y posibilidades que encuentran las mujeres que deciden participar en el ámbito político y que se derivan de la construcción tradicional de la feminidad (los niveles educativos y de profesionalización, y las prioridades en la distribución de responsabilidades familiares y domésticas entre hombres y mujeres). Estos aspectos menos formalizados influyen sin lugar a dudas en el desempeño femenino en política.

El mecanismo institucional que tiende a mejorar la participación política lo constituye el sistema de cuotas femeninas, que garantiza la presencia de mujeres en las listas de candidatos de los partidos políticos. Este instrumento genera controversias, puesto que constituye un tipo de discriminación positiva. En realidad, no es cuestión de cantidad sino de calidad del aporte político por parte de la mujer. Si un ex-gobernador se llenaba la boca designando mujeres en la política era porque estaba seguro de tenerlas bien controladas debajo de la suela de su zapato. Sino me creen pregunten a Olguita: ¿que sintió cuando la esperaban en el aeropuerto al bajar del avión con los paquetes de Lecor?. Algo así como un  intenso ‘ardor’, diría mi amigo el ‘puntero’ Miguel Angel.

El 25 de mayo de 1974 estaba entre las que cantanban en la Plaza de Mayo y la echaron como un perro mojado. Si, era Kristina junto a Nestor. Comenzó a luchar por insertarse popularmente y dejar de ser ‘la novia del juez Ercolini’ que lo acompañaba al club de rugby los sabados. No se sabe si comenzó como un juego o es pura esquisofrenia. Pero Evita la acompaña en la pose, en el tiembre de voz, en la mirada, dando el discurso al populacho. Puso la imgen de Evita en un billete de cien pesos siendo solo una secretaria de un ministerio durante el gobierno de JDP, que no tiene su carucha en un billete. La acompañó como su imagen de fondo en los discursos casi diarios durante su presidencia. Escribió un libro, tal como su ídola. Manipula a un salame, en realidad a varios salames. Cosa que Evita no pudo con su marido. Se confiesa con el Papa Francisco I, y  éste le pone penitencia con: ideología, ministro de economía y a quien poner en la presidencia. Como si fueran pecados “nuestros”, en general.

Allá por los años 80s, una tal Alarcia, que tenía un hijo muy vago, hacía carrera política ‘prendida’ a Menem. Se le reían en la cara el ‘turco’ Antún y el ‘paisano’ Bercovich. Pero cuando ganó la presidencia el riojano, todos y cada uno de los risueños y descreidos jamás formaron parte de la ‘revolución productiva’. No hubo perdón que valga. Poder, se llama.

Le siguió, en importancia, la Riutort, que organizó la administración y luego se fue del gobierno muy despacio, muy triste, como si estuviera ahogando a su gato favorito. Lo que hizo con los Lecor pareció tan grave como haberle robado los calzoncillos al obispo. Cuando le hablan del tema contesta en un tono neutro y aburrido como una entrevista a un futbolista. Y encima tiene de yerno a ‘coima VIP’.

La Vigo, siempre estará nerviosa y sin emociones animales. Se tomará las cosas a la tremenda y se ahogará en un vaso de agua pero al rato es como un gato en la hierba espiando una paloma de la peatonal. Su vida es un anuncio de champú: enjabonar, aclarar, repetir. Pero por dentro, el dolor no hace más que crecer y crecer a la sombra del ‘ex-flequillo’. Si tiene que salir a la calle con un cartel que diga: VOTA  A FLEQUILLITO, ESTÁ YA MUY VIEJO PARA EMPEZAR A TRABAJAR…, no lo dudará y, seguidamente, ante las risas del transeunte desprevenido le hará el típico gesto formando un agujero con el pulgar y el índice y metiendo en él el dedo índice de la otra mano.

Rodriguez Machado, habría sido una monja perfecta. La ensoñación religiosa, con su estrechez, y su austera pureza. Tal como están las cosas en su historia radicheta, probablemente acabará siendo una de esas vírgenes de cara avinagrada y se sentará detrás de un pequeño escritorio en la biblioteca de la Casa Radical, estampando fechas en los libros que hablan de la indemnización a Mario. Que tienen una tapa a todo color mostrando a un vengador del futuro saliendo entre las cenizas del helicóptero con un cuerpo de oruga del durazno.

La Olivero, repite siempre, levanta una mano de yeso -cuando ofrecieron suficiente- con esa hermosa ansiedad de una madre recibiendo a su hijo perdido. Tiene en su rostro la sonrisa fija del idiota educado. Los tontos de pueblo con frecuencia tienen esa mirada, donde sólo se lee desconfianza y una astucia instintiva de zurdo. Aprendió, hace mucho tiempo, que unas bombas de estruendo o una bomba Molotov es el modo más efectivo de convertir el dinero en ruido callejero para hacerse escuchar y negociar unos pesitos.

Cualquier mujer, ante un buen ofrecimiento partidario tendrá la posibilidad de sacar la lengua por cansancio en los primeros años, si está preparada para asociarse con estúpidos y que le griten sus superiores, quienes, a su vez, son unos advenedizos, u obsesos o sólo idiotas. No podrá tener opiniones personales. Después, tendrá toda clase de perspectivas de ser ella misma. Pero se habrá convertido en un animal político, que sabe que ‘la culpa’ es una emoción hecha a la medida de cada persona. Y en el político no existe.

Cr. Alberto R. Fertonani, Resolviendo la Mentira Social, Editorial Buyatti, Bs.As. 2022.

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