POLÍTICA VUDÚ Y MUNDO GLOBALIZADO: Columna del Cr. Alberto Fertonani

Las maldiciones Vudú, matan realmente a las personas ?, Sí, de hecho, la maldición de Vudú podría ser el arma asesina más elegante.
-¿Cómo funciona? -preguntó el incrédulo
-Empieza con la fe ciega y creces en una sociedad donde todos creen que el doctor hechicero posee poderes extraordinarios. Te dicen que sus maldiciones son fatales y oyes historias que lo prueban. Confías en la gente que te cuenta esas historias. Y, finalmente, ves la prueba por ti mismo. Ves a una persona al que han maldecido. La ves marchitarse y morir.
-Pero ¿cómo ocurre eso?
-Ocurre porque la víctima cree ciegamente que está ocurriendo. Y no es tan complicado. Nuestras mentes buscan constantemente relaciones de causa y efecto pues es necesario para sobrevivir. Pero, en ocasiones, nos equivocamos. La persona que sabe que está maldita, que cree en el poder de la maldición, se siente aterrorizada porque cree que la maldición la condenó. En su terror, su apetito disminuye y empieza a perder peso. Ve la pérdida de peso como una prueba de que el proceso de morir ha comenzado. Su terror aumenta. Pierde más peso, se debilita poco a poco, y se siente físicamente enferma. Ve esta enfermedad (el producto de su propio miedo) como el resultado de la maldición del doctor hechicero. Cuanto más se aterroriza, peores son los síntomas que alimentan su terror. Con el tiempo, esta espiral descendente lo mata. Muere porque cree que está muriendo. Y su muerte solidifica la fe de la tribu en el poder de la maldición. Es impresionante. El asesino nunca toca a la víctima, el mecanismo de asesinato es psicológico y la muerte sería esencialmente autoinfligida.
-¿ Hay una forma de romper el poder de la maldición?
-Sí, pero no es del modo que se podría imaginar. Una persona con mentalidad científica podría intentar convencer a la víctima de que el Vudú es absurdo y que solo funciona con gente dispuesta a creer ciegamente en ese absurdo. El problema de esa estrategia es que normalmente fracasa, y la víctima muere.
Por qué? -preguntó el incrédulo
-Porque subestima el poder de la fe ciega. Cuando colisionan, los Hechos no son rivales para las Creencias. Podríamos pensar que nuestras creencias se basan en hechos, pero la verdad es que los hechos que aceptamos ciegamente se basan en nuestras creencias. La soberbia de una mente racional es que los hechos son, en última instancia, convincentes, pero eso es una fantasía. La gente no muere por defender los hechos, muere por defender sus creencias con fe ciega.
Entonces, ¿cuál es la respuesta? Si ve a la víctima de una maldición sufriendo, realmente marchitándose, ¿qué hace?
-El truco es aceptar el poder, no desafiarlo.
-Aceptarlo… ¿cómo?
Un psiquiatra occidental tomaría la estrategia de la lógica y el desprestigio al brujo pero no lograría efecto positivo alguno. Hay que tomar un camino diferente para llegar a la mente de esa persona. Hablar con la persona maldecida por el doctor brujo y que se está consumiendo. Para abreviar, decirle una mentira piadosa: por ej. que, en el pasado, el doctor hechicero local había utilizado mal el poder tremendo del Vudú para su propio beneficio y que los espíritus le habían arrebatado el poder. Explicarle que, para mantener su posición, para impedir que la tribu se diera cuenta de que le habían privado de su magia, el doctor hechicero había recurrido a envenenar a sus víctimas. Inventar una historia completa que incluya los detalles de la muerte reciente de una víctima. Describir un proceso creíble del envenenamiento: cómo se hizo exactamente, cómo sus síntomas imitaban los efectos de una maldición clásica. Ser convincente para que los detalles de la nueva historia se introdujeran en su mente. Al final, siempre funciona. Porque la persona lo puede aceptar sin abandonar su creencia fundamental en el poder del Vudú.
Qué ocurrirá con el doctor hechicero? -preguntó el incrédulo
-Poco después de que se extenda el rumor de que ha perdido su poder, una serpiente venenosa puede aparecer en su hamaca. Quizás, los doctores hechiceros tienen demasiados enemigos y demasiadas vías para la venganza.
-¿Se sentirá responsable de su muerte?
-No tan responsable como me sentiría de salvar la vida de la persona a la que esta tratando de matar el brujo.
Entonces, ¿está diciendo que puede salvar la vida de la víctima inventando una historia, mintiéndole ?
-Si, pero estoy dándole una alternativa a la forma en que comprenda su dolor.
-Pero era mentira.
-¿Y eso le molesta? Tal vez usted sea demasiado idealista.
-¿Porque valoro la verdad?
-Quizá la valora demasiado.
-¿Cuál es la alternativa? ¿Creer en mentiras?
Si le hubiera contado la verdad a esa persona con una obsesión ciega (que el Vudú no tiene ningún poder inherente, que no es nada más que una ilusión que lleva a la víctima a un suicidio lento), no me habría creído. Dado su historial y su cultura, no hubiera podido creerme. Habría rechazado mi verdad como un absurdo ateo. Y como resultado habría muerto.
-Entonces, ¿la verdad es irrelevante?
No es irrelevante, pero no es lo más importante. A lo sumo, nos ayuda a funcionar. En el peor de los casos, nos destruye. La verdad está sobrevalorada. Lo que en realidad necesitamos es una forma de ver las cosas que haga que la vida sea vivible.
-¿Es lo que hace como terapeuta? ¿Buscar falsedades creíbles con las que sus pacientes puedan vivir? ¿Historias creíbles? ¿Formas de comprender los sucesos en sus vidas, sobre todo sucesos traumáticos? ¿Una historia que sostiene una vida más feliz, seria mejor que una verdad con la que no se puede vivir?…
Si no dejas de decir algo, termina pareciendo real, dijo Freud. También, el ex-presidente Bill Clinton, diria: todo depende de cuál es el significado de la palabra «es». La charlatanería delirante de fe ciega es como la electricidad: tiene un montón de energía peligrosa.
No son las mentiras que nos cuenta la gente las que nos hacen el verdadero daño. Son las mentiras que nos contamos nosotros mismos, las que estamos desesperados por creer y es triste ver cómo podemos estar tan equivocados en tantas cosas. Sentir el dolor de otro es la esencia de la empatía, y es la esencia de la humanidad. La polarización política/religiosa actual constituye algo nuevo en el curso de la actual vida humana. Resulta una asombrosa paradoja que la explosión de la información disponible en Internet haya llevado a la total irrelevancia de los hechos. El aumento de comunicación ha causado más aislamiento. El discurso político ha quedado reducido a gritos, mentiras y amenazas. Las lealtades políticas nos dicen a quién odias, no a quién quieres. Y toda esta agresividad ignorante se justifica inventando «hechos» disparatados (El Covid-19 es la peor trajedia de nuestros días). Cuanto más insensata es la creencia, más tenazmente la abrazan. El centro político, la posición racional, está en vías de extinción. Y el sistema de justicia…? Mamita querida…!!!
Es el hombre razonable, la persona de principios, la que sabe escuchar. La que empieza a construir a partir de lo que hay porque Cree en el bien común. Soy consciente de que estas cualidades constituyen graves anomalías en el actual clima político globalizado y Vudulizado, pero debemos defender la sensatez y la decencia. Movernos desde la oscuridad hacia la luz. Y será un paso en la dirección correcta… El truco es aceptar el poder, no desafiarlo. Hay que desestabilizarlo poniendo en evidencia sus cochinadas politicas, cerrar filas entre los millones de personas que luchan trabajando todos los dias; patearles el trasero a la casta politica de a poco, sin prisas pero sin pausa. Si dices que me estás cuidando, ¿porque antes, me robaste hasta las ganas de comer ?

Cr. Alberto R. Fertonani. Autor de: Resolviendo la Mentira Social – Ed. Buyatti, Bs.As. 2021

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