SI TRABAJAS TRES HORAS…. TE PAGO TRES HORAS – Columna del Cr. Alberto Fertonani

Las sociedades primitivas son sociedades sin Estado. Estas sociedades no son verdaderas sociedades por que no son civilizadas, más bien subsisten en la experiencia quizá dolorosa de una carencia, la del Estado, y es imposible pensar la sociedad sin el Estado. Éste es el destino de toda sociedad. La convicción de que la historia tiene un sentido único, que toda sociedad está condenada a emprender esa historia y a recorrer las etapas que conducen de la barbarie a la civilización es un hecho ‘revelado’. “Todos los pueblos civilizados han sido salvajes”, termina afirmando Raynal. Pero Clastres se pregunta, ¿Que retiene a los últimos pueblos todavía salvajes a no civilizarse?

Las sociedades arcaicas son (pues todavia las hay) sociedades con economía de subsistencia y se quiere expresar con ello que las sociedades primitivas ignoran la economía de mercado en donde se da salida a los excedentes producidos. Pero se pregunta el serranito: ¿para qué querí mercado si no hay excedente?. Y la respuesta duele: “no se producen excedentes porque son incapaces, por estar ocupados en producir el mínimo necesario a la supervivencia y porque se apuesta a la subsistencia”. Y con el fin de explicar esta incapacidad de las sociedades primitivas de evadirse de la inercia cotidiana, de esta alienación permanente de la búsqueda del alimento, se invoca el subequipamiento técnico, la inferioridad tecnológica y, lo peor, la vagancia latente. Y  ¿Qué hay de ello en realidad?  Pues, si el conjunto de los procedimientos que usan las personas, no para asegurar el dominio absoluto de la naturaleza (y su demente proyecto anti-ecológico de desvastación planetaria) sino para asegurarse un dominio del medio natural, entonces no podemos hablar de una inferioridad técnica de las sociedades primitivas. Pues éstas demostraron y demuestran una capacidad de satisfacer sus necesidades por lo menos igual a la que enorgullece a la sociedad industrial moderna. No se conoce hasta ahora ninguna sociedad que se haya establecido en un espacio natural imposible de dominar, salvo por presión, ya que desaparecería o cambiaría de territorio de explotación. No hay tecnología superior ni inferior; no puede medirse un equipamiento tecnológico sino por la capacidad de satisfacer las necesidades de la sociedad que la explota para producir algo en particular.Y para los primitivos siempre está el trabajo paciente de observación y de búsqueda, la larga sucesión de intentos, errores, fracasos y éxitos. Si en lenguaje popular decimos: “trabajar como un negro”, y en América del Sur se dice: “holgazán como un Indio”, entonces, una de dos: o bien el hombre de las sociedades primitivas, viven y vivian en economía de subsistencia y pasaban la mayoría del tiempo en busca del alimento; o bien no viven y vivían en economía de subsistencia y se permitían y permiten ocios prolongados en su cama ignorando, deliberadamente, que hay que ganarse el pan con el sudor de su frente. Axioma que guía la marcha de la civilización occidental desde sus comienzos enunciando un imperativo categórico: hay que trabajar. Los del hemisferio norte disfrutaron de esto hasta que los sometieron a la civilización y éstos, por venganza tardía, sometieron a lo AmerIndios cuando vieron que dedicaban poco tiempo a lo que se llama trabajo y sin embargo no morían de hambre. Las crónicas de la época son unánimes al describir la hermosa apariencia de los adultos, la buena salud de los numerosos niños, la abundancia y la variedad de los recursos alimenticios. La vida económica de estos indios se fundaba principalmente en la agricultura y accesoriamente en la caza, la pesca y la recolección. El mayor trabajo, efectuado por los hombres, consistía en limpiar la superficie necesaria con hacha de piedra y fuego al final de la estación de las lluvias, movilizándolos durante uno o dos meses. Casi todo el resto del proceso agrícola de plantar, desmalezar y cosechar estaba a cargo de (obvio) las mujeres de acuerdo con la división sexual del trabajo. En cuanto al resto del tiempo, ellos lo dedicaban a ocupaciones que experimentaban no como esfuerzo sino como placer: caza, pesca, fiestas y bebida y en satisfacer su apasionante gusto por la guerra (hoy futbol). Podría preguntarse: ¿por qué los hombres de estas sociedades querrían trabajar y producir más, dado que tres o cuatro horas de tranquila actividad cotidiana bastan para asegurar las necesidades del grupo? ¿Para qué servirían los excedentes así acumulados? ¿Cuál sería el destino de ellos?.

Siempre es por la fuerza que los hombres trabajan más allá de sus necesidades. Precisamente esa fuerza está ausente en el mundo primitivo, se rechaza lo inútil y hay una voluntad de ajustar la actividad productiva a la satisfacción de las necesidades y punto. Y apenas supera  lo que se necesita para el consumo del grupo y ese suplemento de producción está incluido, por supuesto, en el tiempo normal de trabajo. Ese excedente, obtenido sin sobretrabajo, era consumido, gastado, con fines propiamente políticos, durante las fiestas, etc. (hoy echan mano a los impuestos pagados por quienes trabajan poco ó en exceso para alimentar a los …).

¿Cuando la economía se vuelve política?  cuando la regla igualitaria de intercambio deja de constituir el “código de trabajo” de la sociedad, cuando la actividad de producción tiende a satisfacer las necesidades de los demás, cuando a la regla del intercambio la substituye el terror por una deuda. Es allí entonces donde se inscribe la diferencia entre el Salvaje primitivo y el Salame del imperio liberal. El primero sólo produce para vivir, mientras que el segundo trabaja, además, para hacer vivir a los demás, a los que no trabajan y a ‘los amos’ que dicen: “hay que pagar lo que nos debes, tienes que reembolsar eternamente tu deuda”. Asi, la alienación es política, el poder está antes del trabajo, lo económico es un derivado de lo político. Es la emergencia del Estado la que determina la aparición de las clases y peor aún, de castas surgidas del propio pueblo para someter al que lo alimenta. Entonces, el rechazo de las sociedades primitivas a dejarse inundar de trabajo y producción, deciéndole no a la decisión de limitar los stocks a las necesidades socio-políticas, es por la prohibición de la desigualdad, ¿de qué serviría en una sociedad primitiva ser rico entre los pobres?. Esto se vió materializado en el cambio que se dió al desaparecer Rodesia en el Africa y dar paso a un nuevo estado    (Zimbabue) en el que el hombre blanco civilizado se va del país y le deja todo  medianamente funcionando y en manos de los negros naturales que quisieron manejar sus destinos. No pasó mucho tiempo para que llamasen a esos blancos a, por lo menos en un lapso de tiempo, enseñarles como continuar con el mundo civilizado y no caer en lo primitivo ya que entre naturales no existía la obligación de aceptar que otro le indicase trabajar (todos somos iguales, decian y dicen).

La aparición del Estado ha efectuado la gran división tipológica entre salvajes y civilizados. El único trastorno estructural, abismal, que puede transformar la sociedad primitiva destruyéndola como tal. Es el que hace surgir en su seno, la autoridad de la jerarquía, las relaciones de poder, el sometimiento de los hombres (no de las mujeres). Siendo el instrumento que permite a la clase ó casta dominante ejercer su control violento sobre las clases dominadas dándole el  “monopolio de la violencia física legítima”. Es la fuerza que obliga a trabajar mas allá de las necesidades. Es el que proteje al poderoso cuando dice esto es mio y produce la acumulación desmedida a cualquier precio. Todo esto conduce a lo fatal, ¿de donde surge el poder político?  En una sociedad primitiva, el  ‘jefe’ no es un comandante, la gente de la tribu no tiene ningún deber de obediencia. El jefe tendrá liderazgo, prestigio y sabiduría, pero ello no implica poder.

Para que una sociedad sea primitiva, es necesario que sea pequeña en número. Siendo esto eficaz de impedir la constitución de conjuntos socio-políticos (movimientos políticos) que integren los grupos locales, y detener el surgimiento del Estado que es, en su esencia, unificador. Con la articulación de lo demográfico (cantidad de habitantes) y de lo político podemos analizar la fuerza que ejerce el primero sobre el segundo. Aquí se comienza a someter a la voluntad política, con presiones para lograr objetivos que nos beneficiarían a todos. Es por ello que el ex-intendente de la ciudad de Córdoba, Ramón B. Mestre, en los 80s., al verse sometido a presión sindical municipal y un paro indeterminado que llevó mucho tiempo de resolución les dijo sin pelos en la lengua a los empleados: “¿en que fundamentan sus reclamos salariales?, si de las siete horas que deberian trabajar, por cultural laboral solo trabajan tres, entonces les pago tres horas…”, LaVoz., 1985.

Cr. Alberto R. Fertonani – Autor: Resolviendo la Mentira Social, Editorial Buyatti, Bs.As. 2021

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