SOCIOLOGÍA DEL ÍDOLO Y DEL FAN – Cr. Alberto Fertonani

A propósito de cumplirse treinta años de la muerte de Freddy Mercury,  un año de la muerte de Diego Maradona, y de que sus “Fans” están acostumbrados a controlar su expresión de desesperación, porque les aguarda la vida, el trabajo y las necesidades de todos los días, debiendo ‘complementar’ todo esto con idealizaciones de esos fenómenos populares, podemos clasificar a los ídolos como:

EL IDOLO DE MASAS – Son aquellos personajes que generalmente deben su éxito y relevancia a la sobre exposición de su imagen en los medios de comunicación. Hoy podría ser un twitero, influencer ó un bloguero. No el hijo del ‘pajaro’ Canigia, porque es más un estupidón que otra cosa.

EL ÍDOLO POPULAR  –  Sobresalen por su talento, tienen identificación con el pueblo y por lo regular provienen de estratos sociales no favorecidos. Un deportista, un cantante, etc. No Albertaa, por más que quiera parecerse al perezoso gato Garfield. No Lionel Messi, pues es un ‘fenómeno’ creado por una marca de calzado deportivo alemán. No tiene empatía, pues su enfermedad se lo impide (Asperguer). De ahí el éxito del marketing y su fracaso con la celeste y blanca. El equipo lo forman un grupo y su conductor natural, empático a rabiar. Los medios de comunicación social reflejan y, simultáneamente, marcan las nuevas tendencias culturales dominantes de una época y se han convertido en los nuevos artífices del buen ó mal gusto y del falso ídolo que es creado para consumirlo en objetos que lo representan. Estatuillas, etc.

EL ÍDOLO DE ÉLITE  –  Es el que normalmente nace de la fuente culta y conforme pasa el tiempo, su popularidad atraviesa estratos sociales y culturales. El ‘che’ Guevara, médico de familia media-acomodada. No Macrigato. Ni en mil años.

En las sociedades tradicionales, de cariz aristocrático, la fama y la reputación estaban en general asociadas a personalidades extraordinarias o a los héroes protagonistas de gestas memorables -San Martín-. Estos personajes únicos, convenientemente colocados como padres fundadores, eran admirados o idolatrados por el pueblo que les convertía en referentes culturales y modelos de conducta, pretendiendo que traspace todos los tiempos. En todas las épocas han existido seres humanos carismáticos que, en virtud de sus dones y capacidades, se destacan y son más visibles. Son motivo de imitación por parte de otros individuos y especialmente por parte de los jóvenes y adolescentes que, al vivir un periodo crítico de transición, buscan referentes personales. Es por ello que un ex-presidente lo nombró a D. Maradona -en 1991- embajador cultural de la juventud Argentina a pesar de que sabía de su malas adicciones, engañando a la sociedad y ‘cortándole las piernas’  al ídolo del Mundial ’86.

Al comprender el funcionamiento de cualquier sociedad es necesario que entendamos el de nuestra razón. La razón es algo que está en nuestro interior por lo tanto existe. La razón, usando el simbolismo que esgrimió Zenón, “es como una mano que agarra”. Tomar los objetos es la función de la razón. Pero los objetos a veces no se dejan agarrar, por lo que es necesario volverlos ‘conceptos’ para poder trabajar con ellos. La razón hace conceptos y tiene dos modos de hacerlo: Teórica y Prácticamente. Teóricamente cuando necesita verlos, y Prácticamente cuando necesita describir lo específico de un objeto. Lo palpo, es …

El sociólogo debe acercarse a las sociedades como discípulo, dispuesto a oír, pero también como juez, preparado para señalar lo que parece invisible. Los conceptos generales son como la mano abierta lista para agarrar y los conceptos específicos son como la mano cerrada lista para hacer algo con lo que se ha tomado. Sin tales distinciones la razón no sabrá trazar su rumbo y se perderá entre supuestos y creencias. Si la razón en sí es una utopía, también lo serán los objetos sociales -en nuestro caso, el ídolo-  pues nunca algo que es usado para ‘modelo social’ podrá resguardar algo que es esencia. La razón cuando carece de preocupaciones reales, inventa ídolos que, según Francis Bacon, son: “idola tribus”, “idola specus”, “idola fori” e “idola theatri”. El pensamiento salvaje de los “ídolos de la tribu”,  a todo le encuentra una finalidad. Error que crea supersticiosos que se sienten maldecidos cuando tiran la sal o que temen la desgracia sólo porque un gato oscuro estorba en su camino. Los “ídolos de la caverna” ó “idola” specus”, causan ideas inadecuadas, fantasmas, conceptos que deforman, y llevan al ser humano a elegir siempre lo que no conviene, y ejemplo de esto es definir al humano por lo que ha sido, es y será.  Los “ídolos del foro” son causados por el mal uso de las palabras. Y, finalmente, los “ídolos del teatro” son los personajes a los que tememos contradecir, desde héroes militares, políticos y sindicalistas, hasta científicos afamados y filósofos sagrados. De todo lo anterior, la razón debe ‘conocerlos’ para poder pensar libremente. Pero Francis Bacon advierte un peligro, el de caer: en el infinito examen de los objetos o en la ligereza al aceptar los conceptos que recibimos. Un “ídolo” no puede ser despreciado sólo porque sí. Es necesario que reflexionemos si nos es útil o no.  La época moderna ha sido subyugada por la psicologìa, pues todo quiere explicarlo a través de ésta. Un psicólogo le preguntaría a un pesimista: ¿Qué es para él, un gato negro? Es más un color que se mueve, que un animal. ¿Y no es el color negro parte de un simbolo? Tenemos que aprender a no confundir los ‘conceptos’ con ‘símbolos’. Los primeros, los conceptos, son puntos de partida, y los segundos, los símbolos, lo son de llegada. Al significado de los símbolos llego después de haber hecho conceptos generales y particulares, pero no llego a los conceptos partiendo del simbolismo. El investigador social, deduce, no va a la tribu o al sindicato sólo para aprender, sino también para enseñar algo que no está a la vista o que parece no existir. Y lo que no está a la vista y explica los fenómenos se llama “ley”. Ley es lo que enlaza. De ahí que la historia, que son las representaciones de toda civilización, perdura en los libros de la ley. Para que sea provechoso para hacer conceptos, o sea, puntos de partida para que toda sociedad bien constituida pueda seguir progresando y construir nuevos fenómenos para pavimentar el futuro con símbolos necesarios.

El fenómeno Fan, por el que algunas personas sienten sentimientos de familiaridad y devoción hacia desconocidos surge, en la Grecia clásica, por las personas que competían en las Olimpiadas que eran capaces de tener una conexión extraordinaria con una parte de la sociedad.

Esta idolatría con la palabra ‘Fan’ surgió en los EE.UU. a finales del siglo XIX. Y se entiende como el fenómeno por el que algunas personas sienten sentimientos de familiaridad y devoción hacia desconocidos. Idolatría es un ‘sinónimo’ de la palabra carisma, que los sociólogos asocian al surgimiento de los ídolos. El Fan se ‘muere’ por su ídolo, pero el ídolo seguramente no conoce al Fan e incluso tiene que protegerse de él, más aún en estos tiempos de redes sociales en los que es mucho más fácil establecer una relación de  “falsa familiaridad”.

Este fenómeno es heterogéno y, bien entendido, no se dirige a una sola persona. Todas las personas seguimos a algún artista y hay que diferenciar el fenómeno Fan del fanatismo propiamente dicho. Que nos guste una cantante no significa que vivamos solo por y para ella en plan obsesivo.

Al estudiar el fenómeno de los Fans y la creación de los ídolos populares es importante contemplar el sistema de valores y las tendencias culturales dominantes en una sociedad determinada, en un momento preciso. Cada época fabrica sus propios ídolos, los cuales suscitan una gran admiración popular y se erigen como espejos de los valores dominantes de un tiempo. De ahí que en Plaza de Mayo, se enfrentaron dos ideologías antagonistas el 25 de Mayo de 1974 y mientras una cantaba: “Si Evita viviera sería Montonera”, y la otra: Si “Evita viviera sería Socialista”, J. D. Perón los echó a ambos -Kris y Tuerto incluidos- porque Evita correspondió a una época pasada y finiquitada. Ambos bandos estaban orinando fuera del tarro. Evita fue y es una ‘simbología/ídolo’ creada para la época en que vivió, que sirvió hasta su muerte y que a su vez significó el desbarracamiento del propio Perón, su creador.

Los estudios recientes han demostrado que el Fan, a pesar de la imagen que lo vincula con el concepto de un consumidor pasivo, es en realidad un actor protagonista de sus actividades de ocio, las mismas que realiza en el seno de su comunidad. Su participación es mucho más activa y duradera: en lugar de concentrarse en los intérpretes, por ejemplo, los Fans de ciertos temas están más centrados en los textos, los contenidos y las tramas argumentales. Al interactuar con esto, los Fans pueden convertirse también en nuevos creadores. El deseo moderno de conseguir la fama también está presente entre algunos de los miembros de grupos de Fans y algunos de ellos pueden convertirse en auténticas celebridades dentro (o fuera) de sus comunidades. A esto han contribuido en gran medida las capacidades de interacción que da Internet, que permite que lo que antes era sólo una creación privada, se convierta en creación compartida masivamente. Así, los Fans que antes elaboraban nuevos contenidos para sí mismos o sus amigos cercanos, ahora los ponen a disposición de una comunidad mayor. Algunas veces, pueden llegar a convertirse en auténticas celebridades de la red (web-celebrities) a partir del valor que aportan. Este nuevo tipo de fama basada en el talento y el esfuerzo dentro del ciberespacio les da la oportunidad de saltar a ámbitos más clásicos, como los medios convencionales  (canales de TV). Muy pronto, tal vez, las celebridades de la red -JFQ- harán acto de presencia creando un nuevo Olimpo de fama mediática.

Cr. Alberto R. Fertonani – Resolviendo la Mentira Social, Editorial Buyatti, Bs.As., 2021.

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