El default de Albanesi golpea a ahorristas y sacude la confianza en las ON

El incumplimiento del Grupo Albanesi dejó a cientos de ahorristas atrapados y expuso fallas graves en controles, intermediarios y regulación del mercado de deuda corporativa.

El caso Albanesi dejó de ser un problema empresarial para transformarse en una señal de alarma sistémica. El default del grupo energético afectó a cientos de pequeños y medianos ahorristas que habían invertido en Obligaciones Negociables (ON), un instrumento que en los últimos años creció con fuerza en la Argentina como alternativa de ahorro en dólares o pesos ajustados. Hoy, esa confianza quedó severamente dañada.

Entre 2019 y 2024, Albanesi expandió aceleradamente su capacidad de generación eléctrica. Nuevas centrales, mayor participación en el sistema y contratos relevantes con Cammesa. Todo ese crecimiento se sostuvo sobre una estructura altamente apalancada. La deuda fue el motor: emisiones en pesos y dólares, bajo ley local y extranjera, con distintos ajustes y vencimientos.

En 2024 comenzaron las señales de alerta. Canjes parciales, refinanciaciones improvisadas y parches financieros que no lograron ordenar la estructura. Aun así, la empresa siguió tomando deuda. El quiebre definitivo llegó el 29 de abril de 2025, cuando dejó de pagar intereses y entró formalmente en default.

El dato más incómodo apareció semanas antes. El 26 de febrero de 2025, apenas dos meses antes del incumplimiento, Albanesi emitió la ON Clase XLII por más de 6.000 millones de pesos, con vencimiento a un año y una tasa de TAMAR más 5%. Fue presentada como una colocación corporativa normal, sin advertencias relevantes. Menos de sesenta días después, la empresa dejó de pagar toda su deuda.

Para muchos inversores, el default no fue una sorpresa sino una decisión postergada. La sensación dominante es que la empresa conocía su imposibilidad de pago y aun así continuó endeudándose sin controles efectivos.

El 30 de abril de 2025, Albanesi confirmó que tampoco pagaría los intereses de sus bonos internacionales con vencimiento en 2031. El 6 de mayo el incumplimiento quedó formalizado. La compañía reconoció estrés financiero, cierre de líneas de crédito y las calificadoras la degradaron a niveles de virtual insolvencia. Desde entonces, el default nunca se revirtió.

Durante 2025 avanzó un proceso de reescritura de contratos que, para muchos acreedores, fue una rendición forzada. Plazos extendidos, derechos recortados y cambios en eventos de incumplimiento, incluso con deuda ya caída. La alternativa era aceptar o no cobrar.

En la segunda mitad del año, las negociaciones se volvieron opacas. Mesas privadas, acuerdos de confidencialidad y acceso privilegiado a información para grandes acreedores, mientras los tenedores minoristas quedaban afuera. La asimetría informativa no fue un error: fue el método.

La oferta que se conoce para las ON no garantizadas resulta demoledora. Bonos que vencían en 2025 o 2027 se estiran hasta 2036. Tasas del 8 o 9% anual se reducen a apenas 2,25%. El capital no se devuelve hasta 2033 y se concentra en un pago final. Más que una reestructuración, muchos la definen como una expropiación financiera.

El mensaje es directo: aceptar o ser arrastrado por cláusulas de acción colectiva o un Acuerdo Preventivo Extrajudicial. No hay margen real de elección.

La doble vara entre acreedores es evidente. Los bonos garantizados acceden a mejores tasas, amortizaciones tempranas y condiciones más favorables. Los no garantizados, donde se concentran miles de pequeños ahorristas, cargan con tasas simbólicas y plazos interminables. El poder de negociación define quién pierde menos.

Detrás del grupo está Generación Mediterránea S.A. (GEMSA), la principal operadora, con centrales térmicas en Ezeiza, Río Cuarto, La Banda, Frías, Tucumán y Catamarca. Su negocio depende de contratos con Cammesa y decisiones regulatorias del Estado. Por eso, cada crisis financiera del grupo también tiene una dimensión política.

El malestar en el mercado crece. Aseguradoras y fondos cuestionan duramente el proceso. “Se abusan porque a nadie le conviene pedir la quiebra”, reconoció un operador financiero. Circulan versiones sobre intentos frustrados de compra de la empresa y posibles interesados actuales.

El rol de las ALyCs completa el cuadro. Muchas recomendaron estas ON como inversiones seguras y conservadoras, casi equiparables a un plazo fijo. Cuando llegó el default, los ahorristas encontraron silencio, evasivas y bloqueos. El abandono fue doble: de la empresa y de los intermediarios.

Mientras tanto, la CNV no presiona, la Justicia no investiga y el Estado mira de costado. El resultado es un mercado golpeado y una confianza quebrada. Y sin confianza, no hay mercado de capitales que sobreviva.

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