El intérprete que le puso alma y voz a uno de los himnos sentimentales de la ciudad fue entrevistado en «Es por ahí», el programa que conducen Coto, Noemí y Julieta todos los sábados desde las 13 por Nexus Radio y sus plataformas.
La emoción fue el hilo conductor de la charla. Pablo Lozano recordó sus inicios, cuando con apenas 17 años, Raúl Montachini le entregó una cinta con una veintena de canciones. Entre ellas, eligió intuitivamente la que se transformaría en un clásico eterno: Córdoba en otoño. “Yo no escribí el tema, pero fui el primero en cantarlo. Y eso fue al comienzo de mi carrera. Tenía 17 años”, recordó.
La letra, un recorrido poético por la Córdoba que se transforma con las estaciones, fue desmenuzada verso a verso durante el programa. Lozano explicó cómo Montachini construyó cada estrofa como una postal emocional, desde las golondrinas que se van hasta el romance simbólico en General Paz y Colón, donde “una muchacha sonríe al pasar”, que en palabras del propio autor representa a la libertad. «Es una figura poética», apuntó Lozano.
Durante la transmisión, se escucharon fragmentos del tema, generando lágrimas y aplausos. La interpretación de Pablo, con su color de voz inconfundible, fue elogiada por las conductoras: “Los imitadores de voces no pueden imitarte. Es difícil. Hermoso”.
El artista también habló de su formación humana, de la influencia de sus padres —su madre aún viva, su padre ya fallecido—, y cómo su padre fue quien lo empujó a pensar más allá de lo material: “No todo era guita. Hay que preguntarse, hay que invertir, hay que buscar”. Ese pensamiento lo ayudó, dijo, a elegir la canción que marcaría su carrera usando algo que hoy parece perdido: la intuición.
Sobre las nuevas generaciones y el folklore, fue claro: “Los jóvenes no consumen folklore porque no conocen la música de raíz. Hay que darles opciones. Que elijan, pero que haya variedad”. También cuestionó el giro comercial de muchos músicos adultos: “Cuando hay crisis en el folklore, muchos se ponen a hacer cumbia para llevar gente. Nos olvidamos de la raíz”.
La entrevista fue un momento de alto vuelo poético, cargado de sensibilidad y verdad. Pablo Lozano, con la serenidad del que ha transitado el camino con arte y convicción, dejó en claro que la música no es solo espectáculo: es identidad, es memoria, es destino.
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