Velorios, avisos fúnebres y risas: humor negro que une al teatro y la radio

Camilo Nicolás y la mesa de Es por Ahí convirtieron anécdotas de velorios y diarios en un desopilante ida y vuelta al aire desde Bar del Hielo.

La muerte, los velorios y los avisos fúnebres del diario suelen ser territorio solemne. Pero cuando el humor entra en escena, todo puede transformarse en un espejo tan incómodo como irresistible. Eso fue lo que ocurrió en Es por Ahí, el programa de Nexus que se emite en vivo los sábados de 15 a 18 desde Bar del Hielo, con un intercambio tan filoso como divertido entre Camilo Nicolás y la mesa integrada por Coto, Noemí, Julieta, Marisa y Pablo.

La charla giró en torno a esas situaciones que todos alguna vez vivieron: llegar a un velorio, quedar atrapado en abrazos, cafés y comentarios incómodos, y descubrir —demasiado tarde— que el muerto ya se estaba yendo. Entre risas, apareció esa paradoja tan argentina de recibir elogios y muestras de cariño en el peor contexto posible, mientras la incomodidad crece minuto a minuto.

El relato se volvió aún más potente cuando apareció la figura materna: madres fanáticas de los velorios, verdaderas productoras del duelo, capaces de organizar parientes, lágrimas, sandwiches y llantos a demanda. Una postal exagerada, sí, pero reconocible para cualquiera que haya transitado esas escenas familiares donde la muerte se convierte en evento social.

También hubo lugar para una observación tan cruda como real: la costumbre, sobre todo en generaciones de más de 60 o 70 años, de abrir el diario y buscar primero los avisos fúnebres. No por morbo, sino para chequear si aparece algún amigo, conocido o rival de la vida. A veces, incluso, el recorrido sigue por la sección policial, como si el destino de los vínculos siempre estuviera rondando entre el obituario y el parte policial.

Ese humor negro, incómodo y profundamente cotidiano conecta de manera directa con el universo teatral de Camilo Nicolás y con la dinámica radial y streaming de Es por Ahí. Dos lenguajes distintos, pero una misma mirada: reírse de lo que duele, incomoda o nadie dice en voz alta. Y hacerlo en comunidad, en vivo, con el público como testigo y cómplice.

Así, Nexus vuelve a demostrar que el humor también puede ser una herramienta para hablar de lo inevitable, bajarlo del pedestal solemne y convertirlo, aunque sea por un rato, en una carcajada compartida.

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