La Casa Rosada busca bajar el impacto de la medida de fuerza convocada para el 10 de abril. El diálogo con sectores «dialoguistas» de la CGT será clave.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!El Gobierno nacional, a través de su vocero presidencial Manuel Adorni, minimizó la amenaza de un paro general convocado por la CGT para el 10 de abril, aunque no ocultó su intención de neutralizar la medida. En la conferencia de prensa de este jueves, Adorni cuestionó a la central obrera, que impulsó la protesta en respuesta a los recientes incidentes en el Congreso, ocurridos durante la “marcha de los jubilados”.
“Estos paros son para defender intereses propios; acá no hay nada que amerite un paro. Es cierto que pocos trabajadores representan realmente, porque la mayoría lo que quiere es trabajar. Los sindicatos han contribuido a aumentar la informalidad laboral a niveles récord”, señaló el vocero, en clara referencia a las tensiones entre el Ejecutivo y los gremios.
El tono de Adorni fue tajante: «Si quieren hacer el paro, que lo hagan, pero no van a lograr absolutamente nada». Sin embargo, dentro de la Casa Rosada, el clima es distinto. A pesar de los dichos de su portavoz, el Gobierno confía en poder minimizar el impacto de la medida de fuerza y, en lugar de una confrontación, optará por el diálogo.
El Gobierno apuesta al diálogo con la «ala dialoguista» de la CGT
Fuentes oficiales detallaron que el Ejecutivo busca entablar conversaciones con los sectores más «dialoguistas» de la CGT, como Héctor Daer, titular del gremio de Sanidad, y Gerardo Martínez, líder de la UOCRA. Estos dirigentes, que han mantenido un vínculo constructivo con el Gobierno durante el segundo semestre de 2024, serán clave para intentar desactivar el paro, según confiaron desde Balcarce 50.
El Gobierno considera que las decisiones tomadas por «los gordos» de la CGT, que incluyen a los referentes más moderados, fueron influenciadas por la marcha frente al Congreso, que generó una presión política sobre ellos. “Se sintieron forzados a reaccionar de manera apresurada, pero estamos dispuestos a conversar la semana que viene y escucharlos”, agregaron.
Aunque las fuentes oficiales reconocen que es difícil desactivar el paro debido al tipo de planteos que se realizaron sobre la marcha, confían en que podrán lograr al menos una tregua o evitar que la movilización afecte el transporte público. La relación con Roberto Fernández, líder de la UTA, que se mantiene enfrentado con un sector mayoritario de los gremios del transporte, es otro factor que juega a favor del Ejecutivo.
Los gremios ferroviarios y la reforma laboral
Uno de los puntos más complejos para el Gobierno es la postura de los sindicatos ferroviarios, que han sido más inflexibles en su postura, e incluso han llevado adelante paros en las últimas semanas, lo que ha complicado la relación con la Casa Rosada. Esto aumenta la presión sobre el Ejecutivo, que enfrenta un clima de tensión constante con la central sindical.
Otro aspecto crucial en la relación entre el Gobierno y la CGT es la Reforma Laboral, un proyecto que el oficialismo mantiene en pausa en el Congreso debido a su revés judicial en la Ley Bases. Aunque la reforma quedó frenada, el Gobierno ya ha dejado claro su objetivo de reactivarla este año, en una versión más acotada a la original. “No podemos permitir que el nivel de informalidad laboral siga creciendo”, aseguraron desde el entorno de Javier Milei.
Tensión entre sectores sindicales y nuevos actores
La relación entre la Casa Rosada y la CGT ha estado marcada por altibajos. A principios de 2024, algunos sectores gremiales recalcularon su postura frente al Gobierno, en gran parte por la imagen positiva que el Ejecutivo ha mantenido en su gestión y las señales de moderación por parte de figuras como Hugo Moyano, quien regresó a la CGT con un enfoque más conciliador. A pesar de ello, su hijo, Pablo Moyano, se mantiene firme en su postura de enfrentamiento con el oficialismo, pidiendo la ruptura con los libertarios y criticando las reformas del Gobierno.
Un nuevo elemento que podría complicar aún más el escenario es la incorporación de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) a la CGT, organización encabezada por Alejandro Gramajo y con Juan Grabois como uno de sus referentes principales. Esta entrada marca un nuevo capítulo en la central obrera, ya que agrega a un actor sindical con una línea más vinculada a los sectores populares y que históricamente se ha mostrado crítico con las políticas del Gobierno.
El futuro de la tregua sindical
Hasta hace poco, la relación entre el Gobierno y la CGT parecía estar en una tregua, alimentada por la necesidad de moderación por parte de ambos actores. En 2024, el Ejecutivo retiró una serie de proyectos que amenazaban el poder de los gremios, como la iniciativa de Democracia Sindical, que buscaba limitar las reelecciones indefinidas de los secretarios generales, entre otras medidas.
Sin embargo, la presión de las bases sindicales, especialmente ante la difícil situación económica y laboral, ha complicado la situación. Con el paro convocado para abril y la persistente oposición de sectores más radicalizados de la central, la tregua podría estar llegando a su fin.
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